Crónica de Roma

Qué preocupa realmente del actual ataque en contra del Papa Francisco

Acusaciones, intrigas y desinformaciones sobre el caso del documento firmado por Carlo María Viganò

Selfie con el Papa en Irlanda.
photo_cameraSelfie con el Papa en Irlanda.

Esta vez les escribo en primera persona para aportar algunos elementos de juicio ante el caso del ex Nuncio vaticano quien solicitó al Papa su renuncia y que generó el total olvido del viaje a Irlanda.

Esta vez, después de la pausa estiva, he decidido escribir en primera persona la Crónica de Roma. Un espacio en el que muchos de ustedes me acompañan desde hace más de cinco años y, por eso, agradezco no solo a mis jefes, sino también su interés y respeto, ya que, durante este tiempo he tenido la alegría de recibir muchos comentarios (no solo públicamente, sino en modo privado).

Principalmente, les agradezco mucho, porque sé que muchos de ustedes estáis muy al tanto de lo que acontece en Roma, en el Vaticano y el mundo eclesial a nivel mundial. En este sentido, para mi es, y ha sido siempre, un honor y un desafío el poder aportar con sencillez algunos elementos dentro de la marea de información cotidiana, para que, después, cada uno emita su propio juicio.

Por eso mismo, en esta ocasión, he optado por abordar este tema solo con algunos comentarios, sin afán de explicar con detalle, ni mucho menos de sintetizar, lo que muchos hemos seguido con atención a partir del pasado domingo 26 de agosto: la publicación de un documento de once páginas firmado por un ex diplomático vaticano jubilado, texto que fue preparado por varias manos y pensado con detenimiento para su publicación en el día y hora concreta como ellos mismos lo han dicho, para acusar y solicitar la renuncia del actual Pontífice.

Probablemente, muchos estaban todavía de vacaciones y lo han visto reflejado en los medios posteriormente, otros en cambio, quizá seguían con atención el viaje de Francisco a Irlanda, así que entraron en el tema desde su origen.

Contexto irlandés

La visita del Papa a Dublín era un viaje que, se sabía, era muy desafiante, no solo para los organizadores locales, sino también para quienes desde el Vaticano planeaban los detalles del viaje papal, gracias a conocer bien el contexto en el que el Santo Padre estaba realizándolo.

Irlanda, un país estupendo con raíces cristianas profundas que desde 1979 no recibía la visita de un Pontífice. En la República Irlandesa varias generaciones lucharon por tener una identidad propia y en el que la mayoría eligieron los valores de la Iglesia Católica como sus valores morales, familiares, sociales, pero que con el tiempo, esto ha ido cambiando notablemente.

Conversando con personas que viven en Irlanda, es llamativo comprobar cómo todos coinciden que la transformación de la actual sociedad irlandesa se ha llevado a cabo por diferentes factores. Algunos simplifican como que ha pasado de ser “conservadora a liberal”, pero, en realidad la cuestión es mucho más compleja y en este espacio no se afrontará.

Por un lado, son innegables las consecuencias sociales de la secularización, y por ende, en los fieles bautizados o de familias tradicionalmente cristianas. Incluso, algunos críticos observan cómo el crecimiento económico ha empujado a las jóvenes generaciones a optar por un mayor consumismo y, en poner muchas de sus prioridades fuera del ámbito de la religión.

Además, el clima de desconfianza que algunos irlandeses tienen con respecto a la Iglesia es notorio y es, evidentemente, debido a las desilusiones concretas ante el drama de los abusos sexuales y su fuerte difusión mediática en el mundo anglosajón. Es decir, no solo en Irlanda, sino también en Reino Unido, EEUU, Australia, entre otros.

Por otro lado, existen personas creyentes en Irlanda que, a pesar de observar y apenarse profundamente por los crímenes de algunos miembros de la Iglesia, en quienes habían depositado su confianza ciega, han sabido ver y afirman que “no todos los miembros del clero en Irlanda, ni en el mundo -obviamente- han actuado así de incorrectamente”, pero, lamentablemente, “un árbol caído hace más ruido”, y es más “noticia” que el resto del bosque que crece.

Confusión en el caso Carlo María Viganò

Ya en Religión Confidencial, han podido ver varios espacios dedicados a esta cuestión. Como el que algunos -pocos- tratan de presionar al Papa Francisco para que renuncien. Probablemente, este tipo de temas ya les ha cansado, pero quizá a algunos de ustedes les interesa tener más elementos de juicio ante la fuerte confusión que esta “tormenta” mediática ha generado también entre algunos creyentes.

Primer punto, el Encuentro Mundial de las Familias en Dublin y el viaje del Papa en Irlanda fueron un éxito. Lo confirmaron las numerosas familias que participaron y estuvieron en los diferentes momentos previos a la llegada de Francisco y, también en los eventos que participaron con el Pontífice.

Segunda cuestión, y soy clara en esto, en este espacio he optado por no expresar mis opiniones personales del caso para no simplificar la realidad. Lo que si quiero dejar claro es que es lamentable ver la confusión, tristeza, amargura que está generando en muchas personas este asunto: un sacerdote italiano jubilado, quien trabajó en el extranjero como representante vaticano, solicita la renuncia del Pontífice por escrito, pero el modo y el tono utilizados, son vergonzosos.

¿Por qué? sencillamente -e independientemente de quien esté a favor o en contra de lo escrito- la forma de lo que unos califican como corrección fraterna, incluso con las palabras del autor “purificación”, no era la adecuada, y las consecuencias de la desinformación ante el tema, y ante tal texto, han alcanzado una magnitud penosa.

El caso es surrealista, la publicación de ese documento de once páginas “no golpea” solo al actual Pontífice, sino que está generando un fuerte clima de desconfianza en sus dos predecesores y en la Iglesia en general. Esta debería ser la real preocupación de quien se dice creyente.

Por este motivo, el que tal jaleo haya iniciado con la firma de un miembro pontificio emérito, junto al trabajo público de, al menos, dos periodistas italianos que se califican como “católicos”, es considerado, por muchos, como muy penoso.

Además, no quisiera concluir sin afirmar que, nadie juzga “las buenas intenciones, ni la humanidad” de Carlo María Viganò. Mucho menos la moralidad de los diversos autores que han participado en la elaboración y difusión de tal documento, texto que por cierto, presenta numerosas imprecisiones.

Cabe recordar que no es la primera vez que el contenido de una carta de Carlo María Viganò se filtra en los medios de comunicación. Quienes informamos desde Roma hace varios años recordamos muy bien que el inicio del caso Vatileaks durante el Pontificado de Benedicto XVI comenzó, precisamente, con una carta privada del mismo autor, quien en ese momento era Nuncio Apostólico en EEUU, tal carta denunciaba con firmeza ciertos casos de corrupción dentro del Vaticano.

Este hecho generó y escandalizó a muchos dentro y fuera de la Iglesia, como el actual caso. Claramente son diferentes, porque la intención en esta ocasión pretendía solicitar la renuncia de Francisco. Acusando, no solo a él, sino a distintos colaboradores cercanos, de encubrir los abusos sexuales. Mensaje contradictorio, pues son ellos, los primeros interesados en erradicar este mal.

A quienes son amantes de las cifras, una experta en la materia aseguró que solo 8 de los 300 obispos estadounidenses se han expresado a favor de la denuncia del diplomático emérito en contra del Papa. Por lo que, afirmar, que “la mayoría exigen su destitución” no es veraz, sería más bien, como muchos colegas lo han calificado, “un golpe de estado fallido”.

Mercedes De La Torre

[email protected]

Twitter: @mercedesdelat (https://twitter.com/mercedesdelat)

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