Crónica de Roma

Los lefebvrianos se alejan aún más de Roma

El cardenal Luis Ladaria recibió en el Vaticano al Superior General de la Fraternidad San Pío X

Davide Pagliarani.
photo_cameraDavide Pagliarani.

Esta semana el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, conversó por primera vez con el nuevo Superior General de los lefebvrianos. Un encuentro que no produjo buenos frutos.

La situación del posible estatuto jurídico de los lefebvrianos en la Iglesia parece ser un laberinto sin salida.

La semana pasada en Roma el cardenal español Luis Ladaria se reunió por primera vez con el padre Davide Pagliarani, quien fue elegido Superior General de la Fraternidad San Pío X hace tres meses.

Tal encuentro se realizó en la Congregación para la Doctrina de la Fe en la tarde del pasado 22 de noviembre. En la reunión estuvieron el cardenal Luis Ladaria junto al secretario de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo quienes recibieron a los padres lefebvrianos Davide Pagliarani y Emmanuel du Chalard.

Lamentablemente, este coloquio no permitió avanzar en el camino de acercamiento de los lefebvrianos a la mayor comunión con Roma, sino en cambio se confirmó que no hay condiciones para un diálogo que permita ir hacia adelante.

Cuestión doctrinal 

Según informó la Fraternidad San Pío X, el problema esencial para los lefebvrianos es una cuestión doctrinal y aseguran que tal divergencia es primordial, por lo que no es posible aprobar ninguno de los dos proyectos que se han planteado durante los pasados siete años.

De este modo, parece imposible que la Santa Sede establezca un estatuto jurídico para la Fraternidad porque “solamente podrá realizarse luego de la firma de un documento de carácter doctrinal”.

"Todo conduce, pues, a la Fraternidad a retomar la discusión teológica, consciente de que Dios no le pide necesariamente que convenza a sus interlocutores, sino que dé ante la Iglesia el testimonio incondicional de la fe", afirman oficialmente los lefebvrianos.

Llama la atención su declaración final que parece incluso contradictoria, pues aseguran que “los miembros de la Fraternidad solo desean servir a la Iglesia y cooperar eficazmente en su regeneración, hasta dar sus vidas por su triunfo, si es necesario” pero añaden que “no corresponde a ellos elegir el modo, ni los términos, ni el momento de lo que pertenece solo a Dios”.

Hasta la próxima Crónica de Roma. 

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