Crónica de Roma

"Vengo como obispo de Roma pero también como anciano"

Ha sido una visita corta, pero muy emotiva. Como quien visita a unos amigos, Benedicto XVI ha pasado algunas horas en la casa familia '¡Vivan los ancianos!', una de las muchas que la Comunidad de Sant'Egidio tiene en Roma y en el mundo.

"No hace falta que os diga que conozco bien las dificultades, los problemas y los límites de la edad. También sé que estas dificultades se han agravado para muchos por la crisis económica", ha dicho el Papa durante esta visita a la casa de ancianos.

Benedicto XVI tiene 85 años y no tiene miedo a mostrar sus debilidades. Durante la visita a la casa en la que viven unos 26 ancianos, ha compartido y explicado los obstáculos físicos que por la edad debe afrontar, al igual que los ancianos a los que visitaba: "a nuestra edad experimentamos a menudo la necesidad de ayuda de los otros; y esto le sucede también al Papa", ha dicho.

El tiempo pasa para todos, sin duda, pero también esos años de más son sabiduría acumulada. Por eso el Papa ha destacado el valor que tienen en la sociedad, sobre todo para los jóvenes: "No se puede tener un verdadero crecimiento humano y educacional sin un contacto fecundo con los ancianos, porque su existencia es como un libro abierto", ha dicho. Pero además el Papa también ha pedido a las instituciones públicas que fomenten ayudas que hagan posible que los ancianos puedan quedarse en sus casas y no se vean obligados a trasladarse a residencias. Ha hablado también de las distintas etapas de la vida y sin melancolía, sino con una gran fuerza, Benedicto XVI ha subrayado el valor y la riqueza de la experiencia vital de la que son portadores. Y es que en palabras de un Papa de 85 años: "¡Es bonito ser anciano!

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