Crónica de Roma

Recuerdos del 1 de mayo: la beatificación de Juan Pablo II, el Grande

Los días previos al 1 de mayo Roma se llenó de peregrinos que habían venido de todas las partes del mundo para ver con sus propios ojos y participar en primera persona de un momento histórico: la beatificación de Juan Pablo II, el grande.

Los clamores de "Santo Subito" comenzaron desde el mismo día de su muerte. Y después de seis años, llegó el gran día: su beatificación. Cada una de los dos millones de personas que componían la muchedumbre que llenaba la plaza de San Pedro, via della Conciliazione y que llegaba hasta Castel Sant'Angelo tenían una historia que contar, un recuerdo, una memoria que les hizo pasar por encima de las dificultades económicas, organizativas y del cansancio para viajar hasta Roma, querían acompañar en ese día al que fue su Papa, su Padre, su compañero: Juan Pablo II.

Las puertas de la plaza de San Pedro se abrieron a las cinco de la mañana. Pero los peregrinos acampaban en los alrededores desde hacía horas para ser los primeros en entrar. Querían ocupar los mejores puestos para asistir a este evento histórico, no les importó pasar por encima del cualquier dificultad para ser protagonistas de ese evento histórico. Querían ver, presenciar, participar en algo que ellos ya sabían, y que ahora la Iglesia reconocía oficialmente, que Juan Pablo II estaba en el cielo e intercedía por ellos.

Los recuerdos de esos días en Roma no se olvidan, continúan presentes. La devoción a Juan Pablo II se ve en los millones de personas que llenaron el Vaticano el 1 de mayo de 2011 y los miles de peregrinos que cada día pasan ante su tumba situada en la capilla de San Sebastián, en el interior de la basílica de San Pedro. Se detienen uno momento para rezar, para pedir, para hablar con alguien que saben amigo y que desde allí arriba les va a echar una mano.

El ambiente que en esos días se respiraba en el Vaticano era de un reconocido agradecimiento. Era la primera vez en la historia que un Papa beatifica a su predecesor. Y es que de los 269 papas de la historia de la Iglesia, tan sólo 11 son beatos y 75 santos. Juan Pablo II entraba en la lista de los beatos y como tal su fiesta.

Su proceso de canonización se desarrolla en el más estricto secreto pero avanza de manera decidida, casi implacable. El postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, sólo asegura que recibe cada día una cantidad inmensa de cartas con favores, gracias y supuestos milagros concedidos por intercesión del beato Papa Juan Pablo II. Los rumores apuntaban a que se estaba estudiando de manera seria uno de esos milagros. Lo único que ha trascendido al respecto es que está relacionado con México. Habrá que esperar todavía para verlo elevado a los altares, aunque será sólo un reconocimiento oficial de lo que ya el clamor popular dijo el día de su muerte: Juan Pablo II, Santo.

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