Crónica de Roma

El Papa acepta la renuncia del cardenal Sfeir a los 90 años

El Papa ha aceptado la renuncia del cardenal Nasrallah Pierre Sfeir tras veinticinco años al frente del patriarcado de Antioquía de los Maronitas, Líbano.

El purpurado, que tiene el título de beatitud, por pertenecer a una iglesia de rito oriental, había pedido al Papa recientemente que le dejara abandonar su cargo: “Todo tiene un fin -escribió al Santo Padre-: hice todo lo que pude, pero ahora tengo 90 años y ha llegado el momento de pensar en mi descanso eterno”.

En la carta de “respuesta” al patriarca, Benedicto XVI escribe: “Usted ha decidido renunciar a su cargo de Patriarca de Antioquía de los Maronitas en esta circunstancia tan especial. Ahora acojo su decisión libre y magnánima, como expresión de gran humildad y de profundo desprendimiento. Estoy seguro de que siempre acompañará el camino de la Iglesia Maronita con la oración, los sabios consejos y el sacrificio”.

Con motivo de la celebración, en el Vaticano, del Sínodo especial para Líbano, a finales de 1995, tuve la oportunidad de entrevistar al patriarca Sfeir, que me recibió en la residencia del Colegio Maronita, que se encuentra cerca de Santa María Mayor.

En mayo de 1997, Juan Pablo II realizó una breve visita pastoral a Beirut con motivo de la celebración de la fase conclusiva de la Asamblea Especial para el Líbano. El Santo Padre presentó los resultados del Sínodo e hizo pública la Exhortación Apostólica postsinodal.

Trece años más tarde, en octubre de 2010, el patriarca maronita fue invitado por Benedicto XVI a participar en el Sínodo extraordinario para Oriente Medio como presidente delegado “ad honorem”.

En los últimos meses ha habido “especulaciones de tipo político” sobre la decisión de Sfeir, acusado por algunos de apoyar demasiado al gobierno pro-occidental de Beirut. En la crisis de 2007-2008 había intentado mediar entre las partes opuestas, y se encontró con el presidente Bush para tratar de resolver la crisis.

Su renuncia se produce en un momento difícil para Líbano, cuando el tribunal internacional debe decidir sobre el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, en el que probablemente estuvo implicado el movimiento Hezbolá, y a cuya investigación se opuso el ex presidente Emile Lahoud.

Por Alfonso Bailly-Bailliére

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