Crónica de Roma

Por qué Francisco se quedó en Santa Marta

En una carta escrita de su puño y letra enviada a un amigo, Francisco explicaba por qué había decidido no ocupar las habitaciones reservadas para el papa en el Vaticano.

Una carta sin remitente y de Roma. Así es como encontró el sacerdote Enrique Rodríguez la respuesta de Francisco a la misiva en la que le contaba de las fiestas patronales. Un amigo que le escribe al otro contándole lo último de lo que ocurre en su ciudad. Y el Papa le agradece de corazón las noticias de Buenos Aires. "Me trajo mucha alegría, la descripción de la fiesta patronal -dijo el Papa- me trajo aire fresco".

Deja tranquilos a sus amigos, preocupados por su salud, por el gran trabajo y responsabilidad que aceptó el 13 de marzo pasado: "Yo estoy bien y no he perdido la paz frente a un hecho totalmente sorpresivo, y esto lo considero un don de Dios".

La carta continúa distentida. Enrique -Quique- Rodríguez y Jorge Mario Bergoglio son amigos desde hace años y por eso el ahora Papa le responde a las novedades de Buenos Aires con lo que sucede en su nueva vida den Roma, le cuenta las razones de sus acciones que han sorprendido a quién no le conocían antes y conquistado a la opinión pública: "Procuro tener el mismo modo de ser y de actuar que tenía en BS As, porque si a mi edad cambio, seguro que hago el ridículo. No quise ir al Palacio Apostólico a vivir, voy sólo a trabajar y a las audiencias. Me quedé a vivir en la Casa Santa Marta, que es una casa de huéspedes para obispos, curas y laicos". Un Papa que no quiere mostrar otro modo de ser que el propio.

El Papa no quiere encerrarse en una jaula de oro. Tal y como era en Buenos Aires así quieres seguir siendo, un párroco, un sacerdote jesuíta preocupado por ir a las periferias y estar en contacto con el mundo real para ayudar a quienes lo necesitan. "Estoy a la vista de la gente y hago la vida normal: misa pública a la mañana, como en el comedor con todos, etc. Esto me hace bien y evita que quede asilado". Y se despide de su amigo dejando formalidades y protocolos de lado y le pide que le ayude con la oración: "Quique, saludos a tus feligreses. Te pido, por favor, que reces y hagas rezar por mí. Saludos a Carlos y Miguel. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide. Fraternalmente, Francisco".

El párroco que conocía el nombre de todos sus feligreses, que se interesaba verdaderamente por los problemas o por las minucias de cada uno de ellos ahora es Papa, y desde Roma sigue tal y como era, "con el mismo modo de ser y de actuar que en Buenos Aires". Un Papa con actitud de párroco.

@blancaruizanton

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