Conferencia Episcopal

Las derivadas del nombramiento de Saiz Meneses como arzobispo de Sevilla

De corte no nacionalista, de profunda formación teológica y que aprecia la religiosidad popular, le convierte en un magnífico prelado de la ciudad hispalense

Mons. José Ángel Saiz Meneses con el Papa Francisco.
photo_camera Mons. José Ángel Saiz Meneses con el Papa Francisco.

La diócesis de Sevilla está de enhorabuena.  El nombramiento de monseñor José Ángel Saiz Meneses (Sisante, 1956) es, para muchos ambientes eclesiales, una buena noticia y auguran que se va a convertir en un magnífico arzobispo de Sevilla. Un nombramiento que ha hecho correr ríos de tinta. Conviene analizarlo con sosiego.

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La historia siempre es elocuente. Monseñor Saiz Meneses, conquense de nacimiento, de padres que emigraron a trabajar a Cataluña, es un hijo espiritual del que fue denostado por el denominado clero nacionalista, el cardenal Ricardo María Carles, que le nombró para cargos diocesanos en la Curia y, al final, su auxiliar.

De profunda formación teológica 

Don José Ángel pertenecía a ese grupo de sacerdotes oriundo de Cataluña que se formó en Toledo. Ingresó al Seminario Menor Nuestra Señora de Montalegre de Barcelona en 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Como vocación casi tardía en el Seminario Mayor de Toledo hizo los cursos de Filosofía, Espiritualidad y Teología (1977 – 1984) y fue ordenado sacerdote en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. Obtuvo consecuentemente el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos.

Un hombre de profunda formación teológica, de espiritualidad sin fisuras, que aprecia la religiosidad popular y que ha conseguido uno de los mejores Seminarios de España en cuanto fue obispo titular. Clave ésta que dará qué hablar. 

Nombrar obispos no nacionalistas 

Cuando se desmembró la archidiócesis de Barcelona, le tocó, en una nueva etapa, la zona de Tarrasa, que en población no era una diócesis menor. Hasta tal punto que se le concedió un obispo auxiliar, su fiel hombre de confianza monseñor Salvador Cristau, que en cierta lógica eclesial debiera convertirse, tarde o temprano, en el obispo titular de Tarrasa.

Su nombramiento formaba parte de una idea de nombrar obispos no nacionalistas en zonas en las que el nacionalismo había arrasado a la Iglesia. Sacerdotes que hablaran naturalmente la lengua vernácula pero que hubieran tenido una experiencia formativa fuera de eses entornos. Principalmente el País Vasco y Cataluña. Estrategia que ahora está en desmantelamiento progresivo tanto en el País Vasco como en Cataluña.

En ese proceso de “fundación” de la diócesis de Tarrasa, monseñor Saiz Meneses tuvo que lidiar con el arzobispo de Barcelona, cardenal Luis Martínez Sistach, que no fue precisamente generoso a la hora de ceder bienes a la nueva diócesis. Asunto que, en cierta forma, aún colea.

La llegada de Omella relaja la tensión 

La llegada de monseñor Juan José Omella a Barcelona relajó la tensión. El aprecio de Omella hacia Saiz Meneses, y esa pastoral de “campechana” de Omella, hizo que la tensión se relajara. A medida que pasa el tiempo, y se acerca la presentación de la renuncia del cardenal Omella a la sede de Barcelona, el nombre de Saiz Meneses aparecía en todas las quinielas.

En ese momento se cruzaron los obispos españoles que eligieron al obispo de Tarrasa miembro del aparentemente poderoso Comité Ejecutivo. En condiciones normales, cuando los obispos eligen a uno de los suyos para el Comité Ejecutivo, Roma toma buena nota porque implica un cierto aprecio y una especie de liderazgo de representación en los órganos eclesiales de las diversas sensibilidades, como se llaman ahora. 

La operación de llevar a Saiz Meneses al Ejecutivo no salió de Omella pero éste no veía con malos ojos, porque tarde o temprano le facilitaba una jugada de más amplio recorrido, “premiar” a Saiz Meneses con un arzobispado de postín, quitarle de la sucesión de Barcelona y, en el contexto de la reordenación de los Seminarios de Cataluña, hacer todo lo posible para que el floreciente Seminario de Tarrasa se integrara en el interdiocesano de Barcelona. 

Se barajaron algunos nombres para Sevilla 

La ocasión era la sustitución de monseñor Asenjo en Sevilla. La presión se intensificó sobre el Nuncio monseñor Bernardito Cleopas Auza, que, en contra de lo que se dicen algunos, es un hombre diligente en su trabajo. Otra cosa es lo que pase en Roma. Y ahí se fueron unos y otros a jugar al ajedrez con la perspectiva de Sevilla.

Por cierto que en las jugadas de ajedrez delante de la mesa del Papa con lo que no se contaba es con el triste fallecimiento del arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, que ha descabalado algunos movimientos.

Para Sevilla, cuya provisión se había cargado de excesivo simbolismo, se barajaron muchos nombres. Algunos que están en Roma. Nada que ver con las campañas de promoción de candidatos de algunos medios. No se trataba solo de nombrar a tal o cual candidato sino, en no pocas ocasiones, de no nombrar a determinado obispo.

Diócesis de Tarrasa y su seminario 

Y en esas apareció el nombre de monseñor José Ángel Saiz Meneses sobre el que coincidían determinados intereses. Un nombre que reiteradamente era sugerido por sus propios compañeros obispos en los informes a la Nunciatura.

Ojo con algunos arzobispos, de los que no se habla, que son prescriptores, a los que el señor Nuncio escucha con atención. Mons. Auza, que ya tiene un mapa mental bastante preciso de España, se empleó a fondo en un perfil que, sin duda, se va a convertir en un magnífico arzobispo de Sevilla.

La incógnita viene ahora con la diócesis de Tarrasa y con su seminario. 

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