Católicos

Se presenta la historia detallada de los 23 mártires oblatos de Pozuelo asesinados en la Guerra Civil

El libro de David López Moreno "El sueño de las espigas" recoge una cuidadosa investigación en diversos archivos

"El sueño de las espigas. Historia de los mártires oblatos de Pozuelo".
photo_camera "El sueño de las espigas. Historia de los mártires oblatos de Pozuelo".

"El sueño de las espigas. Historia de los mártires oblatos de Pozuelo" (Editrice Missionari, OMI) es un estudio extenso y documentado de los mártires oblatos de España. El libro de David López Moreno ofrece una reconstrucción detallada de la historia de los 23 mártires asesinados en julio y noviembre de 1936, beatificados en 2011.

"El trienio 1936-1939 fue un período de sangre y martirio para la Iglesia en España. Durante esa persecución religiosa hubo miles de personas que sufrieron una muerte violenta. En ese clima generalizado de odio y fanatismo antirreligioso podemos situar el martirio de 22 misioneros Oblatos de María Inmaculada: padres, hermanos y escolásticos, en Pozuelo de Alarcón (Madrid), junto con el padre de familia Cándido Castán, conocido católico comprometido", explican desde la editorial a Religión Confidencial.

Investigación en diversos archivos 

El trabajo es el resultado de una cuidadosa investigación en diversos archivos, como los de los Misioneros oblatos en Roma y San Antonio (Estados Unidos, Texas), o el de los jesuitas en Alcalá de Henares, entre otros, además de las actas del Proceso de Beatificación.

Por primera vez, la historia de los jóvenes mártires se narra sistemáticamente en detalle y se coloca en el contexto de la época. El título del libro está tomado de un poema escrito por uno de los jóvenes mártires, Serviliano Riaño, muerto con 20 años, en el que habla de las espigas de trigo que “sueñan” con proporcionar el grano que se convierte en pan para la Eucaristía.

Las espigas simbolizan a los jóvenes religiosos que deseaban entregar su vida en el compromiso misionero.

Mártires de 18 a 26 años 

“Muchachos de 18 a 26 años, fusilados en el convulso Madrid de 1936, junto a sus formadores, curtidos hombres de fe. Dios les preparó para ser una «comunidad mártir», víctima de la terrible persecución religiosa que asoló España en los años 30", señalan desde la editorial. 

Unido a ellos en el martirio, se descubre el testimonio de Cándido Castán, padre de familia generoso y valiente en el compromiso social, sobre todo en el mundo de los sindicatos católicos. "La entrega de su vida es para nosotros, los cristianos del siglo XXI, una inspiración para vivir hoy el Evangelio en medio de las pruebas de nuestro tiempo", indican las mismas fuentes. 

No responder a las provocaciones 

Los Oblatos se establecieron en el barrio de la Estación de Pozuelo de Alarcón en 1929. El superior provincial vivía en Madrid. El escolasticado era el centro de formación. Algunos presbíteros servían como capellanes de las tres comunidades de religiosas. También tenían servicios pastorales en las parroquias cercanas: confesiones y predicación.

Los escolásticos oblatos enseñaban el catecismo en las parroquias vecinas. Esta actividad religiosa comenzó a preocupar a los comités revolucionarios de la Estación. Los oblatos adoptaron una actitud de prudencia, compostura y calma, comprometiéndose entre ellos a no responder a las provocaciones.

Quema de capillas 

El 20 de julio de 1936 las juventudes socialistas y comunistas tomaron las calles y comenzaron a quemar Iglesias y conventos, sobre todo en Madrid. La milicia de Pozuelo atacó la vecina capilla de la Estación. arrojaron todas las ropas litúrgicas y las imágenes a la calle y las quemaron.

Cuando quemaron la capilla fueron a repetir la misma escena en la parroquia local. El 22 de julio un fuerte contingente de la milicia armada con fusiles y revólveres, atacó la casa de los Oblatos. Lo primero que hicieron fue capturar a los 38 Oblatos que fueron hechos prisioneros en su propia casa, los llevaron al refectorio donde las ventanas tenían rejas. El 24 de julio sobre las tres de la madrugada empezaron las primeras ejecuciones, relatan desde la web de los oblatos. 

Atmósfera de oración silenciosa 

El mismo día 24 de julio de 1936 la policía recibió la orden de llevar al resto de los religiosos a la Oficina General de Seguridad. Al día siguiente después de rellenar ciertos formularios, los otros 15 oblatos fueron soltados inesperadamente.

Buscaron refugio en casas privadas. Pero en octubre fueron de nuevo cazados, capturados y puestos en prisión donde sufrieron hambre, frío, miedo y amenazas. Los testimonios de algunos supervivientes hablan de cómo aceptaron con paciencia heroica esta situación difícil que implicaba la posibilidad del martirio. Entre ellos reinaba un espíritu de caridad y una atmósfera de oración silenciosa. 

No fue posible obtener información directa de los testigos oculares sobre el momento de la ejecución. El enterrador ha declarado que uno de los Oblatos, el Provincial P. Francisco Esteban Lacal, debió haber dicho: “Sabemos que nos matáis porque somos católicos y religiosos. Lo somos. Mis compañeros y yo os perdonamos de todo corazón. ¡Viva Cristo Rey!"

Murieron perdonando 

Durante el proceso de beatificación se hizo evidente que todos ellos murieron profesando su fe y perdonando a sus perseguidores. A pesar de la tortura psicológica durante su cruel cautividad ninguno renegó o perdió la fe, ni se lamentaron del hecho de haber abrazado una vocación religiosa.

Un informe sobre la persecución religiosa en España recoge la muerte de 6.932 miembros del clero y religiosos sacrificados en esta persecución durante los años de la guerra civil. 12 obispos, 4.172 presbíteros diocesanos, 2.365 religiosos y 283 religiosas. 

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