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Toño Casado presenta ‘La Vecina de Jesús’, un libro en el que relata con humor los milagros de Cristo

"Saturados de pandemia y grises a lo largo de este último año, reír se ha vuelto más que nunca urgente", afirma el sacerdote

Toño Casado.
photo_camera Toño Casado.

El sacerdote Toño Casado se estrena como autor literario con su libro "La vecina de Jesús" (Ediciones Martínez Roca) en el que pretende relatar, con sentido del humor, la vida y milagros de Cristo cómo jamás se han contado. 

"La Damiana es una vecina de cuidado. Fervorosa de toda la vida y de sinagoga diaria, contempla con estupor las andanzas de un chaval nacido en Nazaret al que apodan Jesusito, que tiene a Tierra Santa patas arriba. La protagonista no solo vigila detrás del visillo cada uno de los pasos del Mesías y su pandilla, sino que ella misma interviene como tertuliana estrella del vecindario, manipulando un material absolutamente confidencial que maneja con la pericia de los mejores espías de la Guerra Fría". De esta manera define Toño Casado la sinopsis de su libro. 

"Al cielo se llega con amor y con humor" 

"Al cielo se llega con amor y, sobre todo, con humor. En un momento tan difícil como el actual, la Damiana aterriza en la vida de los lectores dispuesta a arrebatarles unas cuantas carcajadas más que necesarias. Saturados de pandemia, tristezas y grises a lo largo de este último año, reír se ha vuelto más que nunca urgente", afirma el sacerdote. 

Toño Casado, sacerdote, músico y cantautor, cuenta la historia del influencer más veterano, a través de una narración atemporal, libre de prejuicios, que huye de formalismos para, sencillamente, apostar por pasar un buen rato. 

Un ejemplo: La historia de Zaqueo

Este es un ejemplo de un capítulo sobre la historia de Zaqueo.

"Pues a lo que te voy; que el otro día se armó un alboroto en el pueblo con el Jesusito y sus amigos que no veas, vaya gente, que cada vez que se mueven parecen el Messi con todos los guardaespaldas alrededor y todo el mundo a querer tocarlo o que les firme aunque sea el turbante.

Y nada, que el Zaqueo, que ese día ya se habría cansao de ver lo del Ibex 35, ni idea tengo de lo que es, hija, pues allí se asomó también. Malo es un rato, pero, claro, con esa estatura que se gasta se quedaba como los que llegan tarde a la cabalgata de Reyes: atrás y a la altura de las nalgas. Como no llevaba escalera, allí a un árbol que se subió el muy hijo de mala romana.

¡Pues aquí te vas a quedar muerta...! Siéntate, que va la buena; resulta que el Galileo va y le dice, así sonriente, mirando hacia arriba: —¡Zaqueo, baja que hoy voy a ir a comer a tu casa! (...)

Y allí el otro que bajó dando un salto olímpico que por poco se parte la crisma, cosa que no hubiera estado nada mal. ¿Qué? ¿Cómo te quedas? A mí no me llega la sangre al cerebro de la impresión. Primero hay que ver la cara que se gasta el de Nazaret, que cualquier día se te cuela a comer los canapés en la primera comunión. Y segundo, y aquí viene la buena, que a ver, si de tan santo se las gasta, que me diga a mí qué hace metiéndose en la casa de ese mal bicho. Y es que, bueno, si al menos le hubiera hecho el acto de contrición o algo, pero es que ni dolor de los pecados ni nada, ni examen de conciencia, es que ni un señormiojesucristo.

La cosa es que al final de la comida dijo que iba a devolver todo lo robado. ¡Ja, es que no me lo creo ni muerta! Tú que tienes confianza con el Jesusito, a ver si le dices que la gente no cambia. Y que los de los bancos no devuelven ni el saludo cuando vas al mostrador; mira eso de los rescates, que, vamos, a precio de oro nos salen..."

La vecina de Jesús.


 

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