Católicos

La historia de diez católicos ejecutados por negarse a jurar fidelidad a Hitler

El libro “Mártires de la conciencia, cristianos frente al juramento de Hitler”, relata cómo hasta algunos obispos, intentaron convencerles de que debían firmar por el bien de sus familias

Mártires de la conciencia.
photo_camera Mártires de la conciencia.

El periodista José María García Pelegrín recoge en su nuevo libro, titulado “Mártires de la conciencia, cristianos frente al juramento de Hitler”, l(Digital Reasons) las historias de diez fieles católicos de enorme valentía, que se negaron a jurar fidelidad a Hitler por considerar este juramento contrario a su fe.

Todos ellos fueron ejecutados como consecuencia de esta negativa. A varios de ellos, familiares y sacerdotes y hasta obispos, les intentaron convencer que debían firmar por el bien de sus familias, pero ellos se negaron. La iglesia se olvidó de alguno de ellos y no fue hasta la década de los 90 cuando empezaron a recuperar estas figuras. Actualmente, alguno es beato. 

Así, en este libro Pelegrín rescata del olvido las vidas de diez mártires que fueron ejecutados por motivos religiosos. 

Los diez mártires de la conciencia 

La editorial ha resumido para Religión Confidencial un breve apunte de cada uno de ellos

1. Franz Jaggerstatter. El más famoso, llevaba una granja en Austria junto con su familia. Murió decapitado. Su mujer le visitó el día de antes y allí ella le dijo que aceptaba y apoyaba su decisión. Le tuvieron durante meses encadenado las veinticuatro horas del día, y aislado en una celda sin poder recibir visitas ni hablar con nadie. Le intentaron varias veces convencer de que aquello que estaba haciendo era perjudicial para su familia. E incluso el sacerdote de su pueblo le dijo que debía proteger a su familia y que estaba cometiendo un pecado. Pero él nunca aceptó jurar fidelidad. Fue beatificado en 2007, y ahora está en proceso de canonización.

2. Wilhelm Glessner. Un joven franco-alemán que estaba estudiando para ser agricultor. Fue ejecutado en 1940 por negarse a jurar. Estuvo toda la noche anterior rezando con su rosario, del que no se despegó durante las 10 horas antes de su ejecución. Le gustaba pintar. Es mártir pero todavía no es beato.

3. Alfred Andreas Heiss. Era trabajador en la administración pública. Los nazis lo expulsaron por no plegarse a sus designios, por lo que vivió en la pobreza. También fue internado en un campo de concentración por condenar los asesinatos políticos cometidos por los nazis en la noche de los cuchillos largos. Tras su ejecución, fue olvidado por la Iglesia, y solo a partir de los años noventa se ha empezado a recuperar su memoria.

Se comparó con San Pablo por morir decapitado 

4. Wilhelm Paul Kempa. Artista y pintor polaco-alemán de gran sensibilidad. No quería matar hombres a causa de su fe. Murió decapitado tras escribir una última carta a sus familiares en la que se comparaba con San Pablo. No ha sido recuperada su memoria hasta hace muy poco.

5. Michael Lerpscher. Trabajaba de obrero en la Sociedad de Cristo Rey, con la que estuvo vinculado toda su vida. Maduró su decisión de no jurar durante muchos años, y fue el primero en ser ejecutado por esta causa. Sus compañeros veteranos de años posteriores se negaron a realizarle un homenaje póstumo por traidor, y la Iglesia se olvidó de él. No fue hasta 1990 cuando se recuperó su nombre.

6. Josef Mayr-Nusser. Era gestor de una empresa tirolesa. Natural del Tirol, estuvo vinculado a la vida social y universitaria católica de esa región, por lo que fue un ejemplo de valentía. Tenía mujer e hijos. Murió camino de su ejecución, por inanición, al llevar 8 días en un camión sin comer ni beber. Uno de los soldados nazis que lo escoltaba dijo que le impactó profundamente su serenidad y alegría, aun en esas condiciones. También ha sido beatificado, en 2017.

Obispos les animaron a firmar 

7. Franz Reinisch. Se trata de un sacerdote perteneciente al movimiento Schonsttat, del que le expulsaron contando con su propia conformidad para no arriesgar la vida del resto de la comunidad. Los sacerdotes y obispos le intentaron convencer de que jurara, pero él se negó. Murió en la misma cárcel que Jaggerstatter un año antes. Al sacerdote que le atendió en sus últimos momentos le pidió que celebrara la misa por su alma en ornamentos blancos (no negros como se suele hacer), porque estaba convencido de que iría al cielo. Está en proceso de beatificación.

8. Richard Reitsamer. Agricultor. Aunque momentos antes de su muerte le entró la flaqueza, finalmente avanzó hacia el cadalso con una gran serenidad. Olvidado hasta hace muy poco.

9. Josef Ruf. También miembro de la Sociedad de Cristo, donde desempeñaba varios trabajos. Tomó su decisión de no jurar junto con  Lerpscher. Su familia se avergonzaba de su decisión, y su hermano nazi intentó que cambiará de parecer en varias ocasiones. Recibió la comunión justo antes de morir. En proceso de beatificación.

10. Ernst Volkmann. Fabricante de guitarras, con esposa y tres hijos. El sacerdote de la cárcel le intentó convencer de que era su deber cristiano jurar para poder cuidar a su familia. Murió imperturbable. Ha sido declarado mártir.

Sacralidad de nuestra conciencia

El autor rememora el contexto personal de cada uno de estos mártires, sus historias familiares, sus ocupaciones y labores, sus amistades, sus aficiones, su persecución política, y su muerte.

Con ello se persigue un objetivo claro: recordar a todos aquellos que dieron más valor a su conciencia que a sus propias vidas, oponiéndose de manera oculta y desapercibida a la destrucción de su fe, de su nación y de Europa. "Así pues, estas historias nos afirman a todos los cristianos en la sacralidad de nuestra conciencia, frente a la que los poderes del mundo nada pueden hacer", explican desde la editorial. 

Las ideas nazis y la persecución religiosa 

En el libro explican que cuando el nacionalsocialismo envenenó las mentes de millones de alemanes y austriacos, el Papa y los obispos realizaron una severa advertencia: las ideas nazis podían conducir a una nueva persecución religiosa, más rigurosa que la de Nerón, más extendida que la de Diocleciano. Las ideas de Hitler podían llevar a una nueva destrucción de Europa. Y así fue. El III Reich asoló el viejo continente, aniquiló razas enteras y destruyó toda forma cultural europea que no se ajustara a su relato histórico.

En ese clima de furor y rabia, los alemanes se lanzaron enérgicamente a la creación de un hombre nuevo y de un mundo nuevo. Aunque a simple vista parece que la nación entera se consagró a esta visión, un puñado de patriotas se opusieron con valentía a la corriente de los tiempos, pagando con su vida la osadía de denunciar la maldad del régimen nazi. Muchos de estos opositores eran cristianos.

Mártires de la conciencia

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