Católicos

Gerardo del Pozo se jubila de San Dámaso. Conocedor de la Iglesia alemana afirma: “Habrá desgarros, pero no un cisma”

El que fuera decano de la Facultad de Teología advierte que los protestantes alemanes necesitan una “catolicidad unida y sólida”

Gerardo del Pozo durante su Última Lectio en San Dámaso.
photo_camera Gerardo del Pozo durante su Última Lectio en San Dámaso.

El profesor Gerardo del Pozo Abejón catedrático de Teología Sistemática V y profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso (Madrid) quien fue durante dos mandatos decano de la Facultad de Teología, se despide con 70 años de San Dámaso.

Ha dado su ‘Última Lectio’ el pasado 19 de mayo (ver vídeo) con la conferencia titulada “La transparencia de la fe cristológica de la Iglesia en J. Ratzinger / Benedicto XVI”.

Diálogo de Ratzinger con los protestantes

El mensaje de fondo que ha querido transmitir el profesor del Pozo con su última intervención es el diálogo de Ratzinger con los protestantes entre el periodo de 1956 a 1973 y, a partir de 1980, su empeño teológico en argumentar la unidad de Cristo con Dios Padre, una relación que es de siempre, eterna y, por lo tanto, la reafirmación de la divinidad de Jesucristo. “El núcleo central está en la oración de Jesús con el Padre”, dice D. Gerardo.

Se jubila de San Dámaso, pero no de su actividad pastoral. Es capellán del convento de las Descalzas Reales en Madrid, consiliario de la AcDP en Madrid y acompaña a un grupo de matrimonios.

Experto en el pensamiento de Ratzinger y conocedor de la Iglesia en Alemania, sobre el sínodo alemán tiene argumentos para asegurar: “Pienso que habrá muchas turbulencias y desgarros, pero que no se llegará a ningún cisma propiamente dicho”.

Los católicos en alemania 

En una entrevista concedida a Religión Confidencial con motivo de su jubilación, expone algunas características del catolicismo en Alemania.

Considera que, ciertamente, la Iglesia Católica alemana pasa por un aburguesamiento en la práctica religiosa, cierta desorientación y falta de espíritu cristiano, pero al mismo tiempo, desvela que en Alemania se celebran más matrimonios católicos que en España.

Respecto a la relación con protestantes, aunque calvinistas y luteranos no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía ni en el sacramento individual de la penitencia, son verdades de fe admiradas por ellos. “A mí me han dicho protestantes alemanes que para ellos mismos es importante que la Iglesia católica tenga vitalidad, esté unida y sólida”, afirma.

Recuerda que hay diócesis alemanas como Colonia donde más de 50.000 laicos trabajan profesionalmente para entidades de la Iglesia

26 años en San Dámaso 

Después de 26 años en San Dámaso se jubila. ¿Qué satisfacciones se lleva de estos años?

Mi principal satisfacción ha sido ver cómo nació y ha ido desarrollándose una obra de la Iglesia que, gracias al Espíritu, prosigue en la historia la obra de Cristo. Es gratificante participar en los momentos, llamemos tabóricos, de las obras de Iglesia y en la Iglesia. Pero lo interpreto a la luz de la parábola de Jesús sobre el grano de mostaza. Jesús no pone el acento tanto en el crecimiento de las ramas en las que un día anidan todo tipo de aves, cuanto, en el grano de mostaza, del que tiene que alimentarse el gran árbol para continuar teniendo vitalidad. En él están encerradas su fuerza y su debilidad. Puede ser ninguneado y pisoteado por los poderosos de este mundo. Pero la fuerza de la fe de la Iglesia está en que siempre es un comienzo, no un árbol de ayer, sino un grano de mostaza de hoy para mañana.  En esa perspectiva veo y valoro a San Dámaso.  

Dos mandatos como decano 

Durante sus años como Decano de la Facultad de Teología de San Dámaso ¿cuáles fueron las mayores dificultades y las mayores satisfacciones?

Fui decano durante dos mandatos. Fui nombrado sucesivamente por los Cardenales y Grandes Cancilleres Antonio María Rouco Varela y Carlos Osoro, durante los Pontificados de Benedicto XVI y Francisco. No puedo hablar de grandes dificultades porque no las tuve. De ser en caso, las dificultades venían de mis limitaciones.

Gran satisfacción me proporcionó las visitas a algunos centros afiliados de América y África. Reverdeció en mí el espíritu misionero que se me había despertado en Burgos por la presencia del Seminario Nacional de Misiones Extranjeras, los muchos misioneros del IEMEN que nos visitaban y hablaban en el Seminario y el movimiento JÓVENES SIN FRONTERAS fundado por el P. José Valdavida con el que colaboré. Espíritu misionero que se había reavivado ya antes en mí durante algunos viajes a Perú con el Cardenal G. L. Müller.

De gran satisfacción fueron también los Cursos de verano de la Facultad de Teología en el marco de los cursos de Verano de la Universidad Complutense en El Escorial. Fueron un ámbito privilegiado para la interdisciplinariedad, pero sobre todo para transdisciplinariedad a la que convoca la fe cristiana. Llevábamos las preguntas por la verdad y el sentido de la vida humana que a veces quedan fueran de los programas académicos. Y fueron una oportunidad para que, al menos en ciertos momentos, saliera a la luz la belleza de la propuesta cristiana.  Los concebía como una tienda de encuentro en una Universidad civil al servicio de la hospitalidad e Dios en Cristo. Con ocasión de los mismos, pude entrar en relación, en algunos casos incluso de amistad, con personas no cristianas o no católicas, pero que mantienen una actitud de búsqueda.

Los últimos años de Benedicto XVI 

Usted es un experto en la teología y espiritualidad de Ratzinger ¿Cómo se imagina que está viviendo estos últimos años?

Pienso que los estará viviendo con serenidad y preocupación al mismo tiempo. La serenidad que proporciona el verlos con ojos limpios y libres de las pasiones que tantas veces enturbian nuestra mirada y nos impiden ver la realidad. Y preocupación por la resistencia de nuestro mundo actual a abrirse a Dios y a Cristo. Él ve su tarea en rezar para que Cristo venga y se haga presente en nuestro mundo y éste salga de su cerrazón y se abra a Él por la fe. 

Sínodo alemán 

Usted pasa todos los veranos unos días en la ciudad alemana de Siegen. ¿Me puede hablar desde su experiencia del sínodo, la Iglesia alemana? ¿Cómo estará viviendo Benedicto XVI la deriva de este sínodo? 

Imagino que le llenará de preocupación. En el último viaje a su patria alertó a los católicos alemanes del peligro de “mundanización”, de conformarse a este mundo.  Esa palabra sintetiza los males y peligros que Benedicto XVI ve en la Iglesia en Alemania (y, en gran medida, en el resto de los países europeos). A partir de la postguerra, creció en Alemania la colaboración de la Iglesia con el Estado y surgieron instituciones eclesiales que produjeron muchos frutos.

Pero, a medida que las leyes civiles se alejaban cada vez más de la ley moral, esas instituciones tuvieron dificultades para mantener su identidad cristiana. Muchos pastores que estaban al frente comenzaron a conformar sus criterios y su espíritu a los criterios y espíritu de otras instituciones sociales, cada vez más laxas moralmente.  En ello jugo un papel importante el influjo creciente del llamado “Comité Central de los Católicos Alemanes”. A partir del Sínodo de Würzburg (1971-1975) se decidió que el Congreso de los Católicos Alemanes fuera organizado cada dos años por la Conferencia Episcopal y dicho Comité Central. Este Comité está dominado por representantes laicos de los llamados partidos populares cuyos criterios morales se alejaban cada vez más de la enseñanza de la Iglesia.

Pienso que la connivencia del Central Comité con la Conferencia Episcopal y la presencia constante del primero en los medios ha ido creando un clima que favorecía la aceptación de las ideas dominantes social y culturalmente en muchos campos de la moral sexual y matrimonial. Y esto se ha ido asumiendo entre muchos laicos, algunos sacerdotes e incluso algunos obispos. Es lo que he observado en mis múltiples viajes a Siegen (“Land” Renania del Norte-Wesfalia).

Evitar un cisma 

En su opinión ¿cómo de puede evitar un cisma?

Pienso que habrá muchas turbulencias y desgarros, pero que no se llegará a ningún cisma propiamente dicho. En principio, los obispos alemanes sugirieron la necesidad de iniciar un camino sinodal para reflexionar sobre “la creciente erosión y decaimiento de la fe con todo lo que ello conlleva no sólo a nivel espiritual sino social y cultural”. Se trata de un objetivo bueno. Pero me da la impresión de que pensaron que la Iglesia se renueva con cambios estructurales que producen efectos inmediatamente.

Pero un camino sinodal es un ponerse bajo la guía del Espíritu Santo, “caminar juntos y con toda la Iglesia bajo su luz, guía e irrupción para aprender a escuchar y discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar. Porque la sinodalidad supone y requiere la irrupción del Espíritu Santo”. Y esto será posible sólo “si nos animamos a caminar juntos con paciencia, unción y con la humilde y sana convicción de que nunca podremos responder a todas las preguntas y problemas.

La Iglesia es y será siempre peregrina en la historia, portadora de un tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Cor 4, 7). Esto nos recuerda que nunca será perfecta en este mundo y que su vitalidad y hermosura radica en el tesoro del que es constitutivamente portadora”. Son palabras de la “Carta del Santo Padre Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania” (29 de junio de 2019). Lo considero un texto profundo y bello desde el punto de vista teológico y espiritual, y de gran tacto y delicadeza pastoral. He releído -y meditado- esa carta durante mis estancias de los dos últimos veranos en Siegen.

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