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Comunión y Liberación ante las elecciones: el intervencionismo y el mesianismo político viven de espaldas a las iniciativas sociales

El movimiento presenta un manifiesto en el que alerta: ·Nuestra vida pública, muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, parece haber perdido ese "nexo" con la realidad

Julián Carrón presidente de Comunión y Liberación, en audiencia con el Papa Francisco.
photo_cameraJulián Carrón presidente de Comunión y Liberación, en audiencia con el Papa Francisco.

Él movimiento católico Comunión y Liberación en España ha publicado un manifiesto de cara a las convocatorias electorales de los próximos meses, titulado “Por una amistad social”. Será presentado en un acto público el próximo jueves 11 de abril a las 20.30 horas en el salón de actos de la Fundación Pablo VI de Madrid. 

En él se describe un situación de la actualidad social española fracturada y una "vida vida pública, muy ideologizada y con una violencia dialéctica exasperante, que parece haber perdido ese nexo con la realidad, con la vida cotidiana de la mayoría de los ciudadanos.

El documento hace un llamamiento a resolver necesidades concretas para así encontrar "compañeros de camino. Por el contrario, a partir de las ideologías nos separamos en bandos que parecen irreconciliables". 

País dividido entre derechas e izquierdas 

"Se nos dibuja un país dividido en derechas e izquierdas, invitando a caer de un lado o del otro. El que no cae de mi lado es enemigo. Y al enemigo ni agua. Pero no es así en nuestras familias, en las que un candidato de izquierdas tiene un padre de derechas o un votante de derechas tiene una hija de izquierdas", señala el manifiesto. 

Recuerda el movimiento que la política no es esto, y que, como dice el Papa Francisco,  "es vocación de servicio que promueve la amistad social para la generación de bien común". 

Un ejemplo: la Transición  

En este manifiesto, exponen una serie de ideas para buscar entre todos el bien común, que no debe ser considerado como un término demasiado abstracto, sino "compartir deseos y exigencias que definen nuestra naturaleza común". Así, es más fácil "reconocer en el otro un compañero de camino y no un enemigo".

En este ambiente ideologizado, pone como ejemplo la Transición para que la política recupere su vocación de servicio al bien común, "que no se reduce al bien de una mayoría que legítimamente se ha impuesto con sus votos". "Durante la Transición se dejaron atrás enemistades y se sacrificaron posiciones para salir de la dinámica de la violencia y el rencor", subraya el manifiesto. 

Fractura entre los políticos y la gente de a pie 

Uno de los puntos referentes de este manifiesto es el párrafo en el que advierte de una amenaza a las libertades: "Vivimos tiempos en los que la fractura entre los políticos y la gente de a pie representa una amenaza real a la libertad y a la iniciativa social. El intervencionismo y el mesianismo político viven de espaldas a la riqueza de iniciativas sociales que salen al encuentro de nuestras necesidades. La amenaza crece en la medida que esa iniciativa social no existe o no se expresa libremente". 

Por último, Comunión y Liberación "considera que en tiempo de elecciones no queremos reducirnos a elegir el color de la papeleta sino ser protagonistas de la construcción de la vida común. De hecho, los criterios para el voto se hacen más claros cuando somos conscientes de nuestro protagonismo.

Inmigrantes y catalanes 

Tras estas consideraciones, el movimiento expone una serie de historias reales en las que se pone de manifiesto la colaboración entre aparentes enemigos. Por ejemplo, entre catalanes y madrileños. 

"Un grupito de estudiantes catalanes de bachillerato viaja a Madrid para un encuentro con coetáneos. Llegan con muchas prevenciones, favorecidas por el clima político. Al llegar se encuentran con una acogida que les sorprende. Durante la cena, los recelos mutuos desaparecen: se habla de lo que más les importa, el deseo de felicidad, la exigencia de ser amados. Nace una amistad estrecha entre algunos. A la vuelta los problemas políticos continúan, pero se ha abierto una brecha en la ideología: “los de Madrid” o “los catalanes” ya no son un genérico grupo enemigo".

 
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