Católicos

Autor de 'Jesús contra Satán'

Cases: "En los pecados humanos es rara la lucidez demoníaca"

En su última obra aborda, entre otras cuestiones, fenómenos como la secularización, la distintas formas de gnosis -incluidas las ideologías políticas modernas- y el feminismo "sagrado"

Satán.
photo_camera Satán

En 'Jesús contra Satán', libro que acaba de publicar la editorial Stella Maris, el sacerdote Enrique Cases recoge los conocimientos sobre los seres angélicos contenidos en la Biblia y la tradición de la Iglesia católica, así como las formas de acción que el demonio, según el Catolicismo, ejerce sobre la vida del hombre.

Religión Confidencial - La lucha entre Jesús y Satán de la que habla en su último libro, ¿es una metáfora o un enfrentamiento real?

Enrique Cases - Los demonios son ángeles, es decir, personas espirituales, que tienen un cierto dominio sobre los hombres después del pecado humano. Recordemos que Jesucristo tiene una única Persona -la Segunda Persona de la Santísima Trinidad- y dos naturalezas: la humana y la divina. En la lucha contra Satán, Jesús actúa principalmente como hombre, utilizando su naturaleza humana como representación máxima de la humanidad. En el libro se advierte la progresividad de las tentaciones que va superando Jesús, mostrando claramente como el amor es más fuerte que la muerte y más fuerte también que el pecado y el demonio.

RC - En un momento del libro escribe que "algunos ángeles pecan". ¿Los seres espirituales pueden efectivamente pecar?

EC- Señalemos que los ángeles o los demonios, al ser seres espirituales, no viven en el tiempo. Los seres materiales –por ejemplo, las piedras- están marcados por la duración temporal; por los segundos y minutos que avanzan y desaparecen inexorables. En nosotros, los seres humanos, al estar compuestos de espíritu y materia, vemos la presencia de dos clases de duración.

Y es que además de la duración temporal, a la que los griegos llamaban cronos, existe la duración espiritual; es el kairós, en la que el tiempo feliz pasa sin sentir y el doloroso casi detiene la duración. Los ángeles son espíritus puros y viven en una duración semejante al kairós. No viven en el tiempo material, indefinido, sino en una duración meramente espiritual. Por tanto, su fidelidad -la de la mayoría de los ángeles- o su pecado -el de Lucifer y los suyos- no pasa. A nosotros nos cuesta pensar en que algo exista fuera del tiempo y que esté vivo; este es el caso de, por ejemplo, los ángeles o los demonios, pero creo que es posible pensar en ello haciendo la distinción que muy sucintamente he expuesto.

RC - Usted también señala que el ángel que peca elige el medio como un fin. Curiosamente, en muchos seres humanos esta conducta no deja de ser una constante.

EC- El ángel, evidentemente, se rebela lúcidamente contra Dios. Prefiere su amor propio al amor a Dios. Lo trágico de su postura es que ve claramente que no puede ganar, pero se prefiere a sí mismo aunque es consciente de que su vida es el infierno. Algo de esto se ve en algunos pecados humanos, pero es rara tanta lucidez.

RC - En su libro escribe sobre las prácticas de sacrificios humanos en la Antigüedad como un camino que utilizaban los hombres de aquella época para superar los problemas causados por la envidia y el consiguiente ciclo de violencia mediante el ofreciendo de chivos expiatorios. En la actualidad señala que se ve una conducta hasta cierto punto similar en la práctica del aborto y la eutanasia.

EC - René Girard así lo ve. Los agentes de esos sacrificios no son conscientes de sus asesinatos, es más; se consideran inocentes. Pero están dominados por el ciclo sangriento del chivo expiatorio, que les encadena a los sacrificios humanos o a la violencia o a la guerra continua. Cristo rompe esa dinámica y origina un ciclo virtuoso de paz creciente que a muchos les parece una utopía, pero que es posible detectar en las sociedades cristianas; lo vemos con la superación de la pena de muerte, con las asociaciones de víctimas, con el camino del diálogo y de las muchas paces que se van logrando. Pero aún queda mucho por hacer. El ciclo diabólico arrastra a muchos que en una situación normal nunca colaborarían.

RC - Los creyentes afirman que Jesús venció definitivamente a satán, "el tentador". ¿Cómo es compatible aquella victoria, acontecida hace 2.000 años, con el hecho de que las tentaciones sigan existiendo? 

EC- La Iglesia siempre será tentada y las personas individuales, también. La solución es unirse a la victoria de Cristo resucitado.

RC - En una parte de su libro comenta que la existencia del pecado obstaculiza la justicia y el progreso. ¿Cómo entiende usted esta justicia y progreso?

EC- Justicia es plenitud de Amor para todos. Progreso es avanzar en esta línea. Entender estos conceptos como mera solución de conflictos, o como eficiencia económica, o como tecnocracia, supone aplicar una visión reduccionista; es algo, sí, pero es poca cosa.  

RC - La temática de su libro no deja de ser una provocación en un mundo que muchas veces vive de espaldas a la religiosidad...

EC - Hoy se está dando un gran incremento de espiritualidad con respecto al siglo XX, que fue algo más ateo. Este año se reunieron seis millones de personas en una Misa del Papa Francisco; el año pasado fueron tres millones. Nadie ha conseguido reunir una masa de personas así, que antes solo se habían juntaban para las guerras. Por ceñirme a Occidente, es patente la presencia de los orientalismos, de las religiones supermercado como el New Age o el Nuevo Paradigma, la Teosofía, los espiritismos, el Tarot y los adivinos y los brujos y otras versiones más malignas. Todos estos fenómenos hablan de demonios y ángeles. El ateísmo ya no tiene prestigio y el agnosticismo no es el del creyente Kant, sino la respuesta de algunos que ocultan su ignorancia con una etiqueta prestigiosa.

RC - No solo el cristianismo sino también el judaismo y el islam condenan, tajantes, el tarot, el vudú o la güija. ¿Han provocado estas prácticas mágicas, hoy en día tan de moda, un aumento de las posesiones diabólicas? 

EC- Todos los exorcistas así lo aseguran con certeza. Son ventanas abiertas a las actuaciones de seres espirituales no queridos. Podría añadir que sucede algo similar con otros fenómenos más admitidos como el Reiki, que invoca a espíritus del Monte Fuji, o con algunas técnicas del Yoga.

RC - Hoy en día incluso es frecente encontar en el Metro anuncios de personas que ofrecen sus servicios en calidad de hechiceros. Quienes practican un maleficio o invocan el demonio, ¿son por lo general conscientes de lo que ello implica?

EC - No conozco muy bien el ambiente de brujos y magos que ahora abundan también en Occidente, pero seguro que son conscientes de lo que hacen. El primer mandamiento de la ley de Dios prohíbe tajantemente estas prácticas. La Iglesia, además de los sacramentos, ofrece los sacramentales -agua bendita, crucifijos-y bendiciones y oraciones para superar las maldiciones. No es cosa de juego lo que se ve a veces por ahí.

RC - Aunque la permisión del mal en el mundo por parte de Dios es un misterio, ¿tiene alguna idea de por qué es así?

EC- Cualquier intelectual que se precie tiene que plantearse este problema; y si no lo resuelve, puede optar por la sugerencia formulada por el mismo Wittgenstein; es mejor callarse. La Revelación bíblica es muy clara: en el origen hay una acción libre y rebelde. En mi libro Teología para empezar recorrí casi todas las soluciones al problema del mal. Honestamente, me quedo con la respuesta revelada, que considero mucho más racional a todas las demás.

RC - Cambiando de tercio. El Papa Francisco ha llamado a los fieles católicos a volver a la confesión. ¿Cómo se puede revitalizar ese sacramento?

EC- El año próximo ha sido declarado por el Papa Francisco ‘Año de la Misericordia’, y espero que muchos vuelvan a la confesión, que perdona los pecados y sana las heridas. Mi experiencia como sacerdote, en la que dedico muchas horas diarias a estar activamente en el confesionario, me confirma que es la solución primera. La revitalización de este sacramento nace en la voluntad de los sacerdotes. Es un ministerio agotador cuando se acumulan muchas horas seguidas pero, al mismo tiempo, es muy consolador y animante.

Comentarios
Somos ECD
¿Quieres formar parte de ECD?